… me toca sentarme y volver a esperar.

Si no fuera por las ilusiones que me había hecho durante tanto tiempo, tendría hasta gracia.

La cuestión es que el miércoles por la tarde ingresé en el hospital, me asignaron habitación, me dijeron que a partir de las 12 de la noche ya no podía tomar nada y que yo era el tercero en entrar al quirófano para implantar la bomba de baclofeno.

A la mañana siguiente vinieron y como el preoperatorio ya hacía tiempo que lo había enviado, me hicieron una analítica de sangre y un electrocardiograma. Y ya a esperar a que vinieran a buscarme.
A eso de las 11:30 viene mi neurocirujana con cara de circunstancias, y me dice que ha habido un problema con la primera persona a la que le iban a implantar la bomba y han tenido que ponerle otra. En resumidas cuentas lo que sucedió es que la segunda bomba fue para la primera persona, la tercera bomba fue para la segunda persona, y a mí me dieron el alta y me tuve que ir para casa a esperar a que me vuelvan a llamar.
Mi neurocirujana se deshizo en disculpas, y me dijo que intentaría ponerme en agosto o si no ya para octubre.
Evidentemente me vestí, cogí el papel de alta y me fui.

En ningún momento se me ocurre culpar a los profesionales que me trataron. El compañero de habitación que tenía me dijo que qué bien me lo había tomado, que no había montado una bronca ni nada.

¿Una bronca a quién?

¿A los profesionales que me han tratado bien? ¿A los profesionales que no han podido realizar su trabajo porque el hospital no ha previsto que pueden surgir imprevistos en el proceso de una operación?

Os aseguro que si delante de mí en lugar de los profesionales que nos tratan día a día tuviese al gestor del hospital o a los políticos de turno que son los que realmente tienen la culpa de todo esto no me hubiese callado en absoluto.
En la anterior entrada de la sala de espera hablé precisamente de este problema, parece que de forma premonitoria.

Nuestra sanidad era de las mejores del mundo, y eso no tenía contestación posible. Pero debido a la ineptitud durante varias legislaturas de la mediocridad de políticos que nos toca sufrir, los puntales básicos en los que se basa nuestra sociedad, sanidad y educación han sufrido unos recortes brutales, dinero que ha ido a tapar la pésima gestión que han hecho en otros ámbitos, a parte de cubrir las corruptelas de propios y ajenos que han sangrado y siguen sangrando este país, por lo visto sin consecuencias reales para nadie.

Y mientras escuchamos hablar de millones por decenas o cientos en fraudes, comisiones, mordidas, evasiones de impuestos, paraísos fiscales, juergas alcohólicas, prostitución y drogas al más puro estilo de mafioso hortera y chabacano, relojes, bolsos y viajes a políticos que se creían en el derecho e incluso el deber de recibirlos a cambio de contratos de dinero público a empresarios corruptos, que indefectiblemente se veían hinchados para desviar fondos a paraísos fiscales y engrosar la riqueza personal del empresario de turno y, de rebote, el político que concedía esas licencias,  llegando incluso a amasar más fortuna que los empresarios, ya que las licencias se concedían a discreción del mismo político durante años, en las diferentes administraciones en las que se escudaban para robar a manos llenas con el consentimiento del partido político que lo albergaba.

Todo este saqueo sistemático durante años ha minado los pilares de nuestra sociedad y la educación veíamos que no terminaba de funcionar porque cada gobierno quería modificar la educación a sus intereses, con leyes a cual más disparatada y con excelentes resultados negativos. La sanidad saqueada y vendida por parcelas a corporaciones privadas, para las que lo fundamental son los beneficios al fin del ejercicio y los enfermos son el mero vehículo por el cual se obtienen estos beneficios. Nuestra sanidad ha aguantado el tipo todo lo que ha podido debido a que era una de las mejores del mundo, pero está llegando a extremos de resquebrajamiento evidente.

Y todos nosotros somos corresponsables de que esto suceda.

La mediocridad que hemos puesto a gestionar, desentendiéndonos absolutamente de todo, aborregándonos cada día más con cosas realmente prescindibles mientras los pilares en los que se basan toda nuestra sociedad eran atacados, roídos poco a poco por impresentables indignos de estar en el puesto en el que estaban.
Parapetándonos en siglas de partidos políticos como si fuesen parte de nuestro grupo y perdonando toda la basura que iba saliendo de él, en lugar de exigir, poniendo el grito en el cielo para que toda la hemorragia de parásitos que han estado saqueándonos durante años devolvieran absolutamente todo lo que se han llevado y perdieran todos sus privilegios, quedando en evidencia delante de toda la sociedad y debiendo buscarse la vida absolutamente desde cero como muestra de la repulsa por sus acciones.
Eso,ahora mismo, cuando la porquería ya desborda por todos los sitios, seguimos sin exigirlo.
Y la clase política, en la que incluyo absolutamente a todos los colores, siguen preocupados en repartirse el pastel sin pensar para nada en los ciudadanos y en arreglar esos pilares de una vez para siempre. Sin dejar de lado jamás pilares como las pensiones, la investigación y todo lo que puede dar valor a un país y evidentemente el tejido empresarial fundamental para generar trabajo de calidad, con sueldos acordes con el país que queremos construir y que permitiría cumplir con el resto de los requerimientos.

Nadie dice que gestionar un país como España sea sencillo.

Pero poner gente mediocre a ello, cuando no directamente a delincuentes y mirar para otro lado pensando que ya está todo solucionado poniendo un voto cada cuatro años, es de ser tan mediocre como los políticos que hemos puesto a gobernar.

Y quedar enclaustrado en los bandos de siempre, en los cuales eres incapaz de ver los graves problemas que tiene tu grupo favorito y echarle la culpa siempre a los otros, es precisamente el medio de cultivo perfecto para que medren todos estos mediocres, ladrones, puteros y demás ralea despreciable que vemos a diario en los medios de ¿información?… responsables de dar cobertura a un bando u otro en su gran mayoría por desgracia.

Vale que yo sólo soy un discapacitado, un simple ciudadano al cual cualquiera de estos mediocres sinvergüenzas puede aplastar con toda la facilidad del mundo y que además necesita que la sociedad en la que vive funcione correctamente y tenga sensibilidad hacia las personas con nuestro problema, pero jamás voy a callar lo que es tan claro a mis ojos.

Esto no es un cabreo por una intervención que no se ha podido realizar. El que crea que es así no entiende nada de lo que acabo de decir.

Es el toque de atención que da un ciudadano ante lo que es evidente a sus ojos, el progresivo desmoronamiento de una sociedad a manos de intereses económicos, políticos y empresarios corruptos y demás poderes fácticos que realmente tan sólo ven la gente como un medio para conseguir sus objetivos.

Es inconcebible que veamos que a nuestros hijos les vaya a quedar una sociedad peor que la que nosotros heredamos de nuestros padres y no se haga absolutamente nada.

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4 comentarios en “… me toca sentarme y volver a esperar.

  1. Conchi V.

    Hola Juanjo.
    Decirte que seguro que yo hubiera actuado igual que tú. Esperemos que sea para agosto que ya quedan pocos días para empezar el mes.
    Un abrazo,
    Conchi

  2. Maite

    Hola Juanjo, ufff, si a esperar, no te queda más remedio.
    Los profesionales sanitarios son tan sufridores y victimas como los pacientes.

    Yo en tu lugar, si hubiese dejado una reclamación por escrito en atención al paciente.

    Creo que cuando las cosas se hacen bien tenemos que agradecerlas y por escrito; pero cuando hay mala gestión también, son nuestros derechos y obligaciones.

    Fuerza como siempre, un beso
    Maite

    1. Juanjo Martín

      Tienes razón Maite. Y en ese momento no pensé en hacer la reclamación, aunque no descarto realizarla, pues con la hoja de alta y lo reciente del hecho puedo hacerla mañana incluso.
      Las protestas deben hacerse para que consten y redactarlas de modo que se vea que la queja no va contra los profesionales sanitarios sino la gerencia del hospital.
      Un abrazo.

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