Conversaciones en la sala de espera VIII

La puerta se abre, hace tiempo que pusieron una puerta automática con un sensor, así los que vamos en silla de ruedas no tenemos que estar abriendo y cerrando puertas pesadas o esperar a que alguien nos pueda abrir la puerta.
Dentro se está fresco, es muy agradable en esta época del año, y enseguida ves gente conocida, con diferentes grados de la enfermedad, con diferentes tipos de esclerosis múltiple.

Yo he tardado mucho en venir a este lugar. Por suerte estaba ocupado con cosas realmente creo importantes, y por desgracia sigo esperando que me llamen para implantar la bomba de Baclofeno. De modo que hasta que haya novedades en ese sentido creo que me quedaré por aquí.
Tampoco quise venir con toda la marabunta política que había previo a las elecciones, prefiero ver lo sucedido y poder formarme una opinión antes de hablar con nadie.

Así que lo que hago es ir avanzando por la sala poniendo la oreja y escuchando las múltiples conversaciones que siempre puedes oír en este lugar.
Siempre me gustó escuchar un poco antes de pedir la palabra y exponer mi opinión.

Hay grupos en los que se habla del resultado de las elecciones generales, grupos a favor, grupos en contra, gente extrañada… No me apetece hoy unirme a esos grupos aunque desde luego volveré a ellos.

Paro ante un grupo pequeño que parecen ser trabajadores sanitarios y me pongo  a escuchar.
Parecen agotados y el descontento puede verse en sus caras, al contrario de lo que por lo general podemos ver cuando se dirigen a nosotros.

El verano es una fecha horrible para los trabajadores sanitarios desde hace unos años, porque los gestores prefieren ahorrar dinero, en lugar de garantizar un servicio digno a los usuarios de la sanidad pública española. Los trabajadores que disfrutan de sus vacaciones no son reemplazados por personal suplente, por lo tanto, la carga de trabajo de los que se quedan es mucho mayor en esta época del año.

Ha habido una congelación de sueldos y un empeoramiento en las condiciones de trabajo. En plena época veraniega cuando España, que es un destino turístico de primer orden, recibe a millones de turistas, los hospitales cierran habitaciones y hasta plantas enteras por no contratar suplencias de los trabajadores que disfrutan sus vacaciones veraniegas.

Este cierre de plazas en los hospitales aumentan las esperas para acceder a una cirugía, a una prueba diagnóstica o a una consulta ordinaria.
Hay hospitales que bien por ahorrar o bien por la pésima gestión que han venido sufriendo, ni siquiera ponen el aire acondicionado en las habitaciones, sufriendo los pacientes un calor en muchas ocasiones desmedido y más cuando estás convaleciente de una intervención quirúrgica.

En la entrada en la que yo describía la primera prueba que me hicieron para bomba de baclofeno, ya hice notar los comentarios que oí en el quirófano en el que estaban colocándome el catéter en la médula espinal. Los profesionales que allí me rodeaban se quejaban de lo mucho que había empeorado la calidad de los materiales que usaban, la dificultad de introducir los nuevos catéteres, el tacto que tenían, incluso el embalaje que traían se observaba de peor calidad.

Ellos por supuesto hicieron su trabajo con el material que tenían y yo no tuve queja alguna ni del trato ni de los resultados, pero por supuesto ignoro si con el material que había hace unos años las cosas hubieran podido incluso salir mejor o más fácil para ellos (Esto último lo doy casi por seguro).

Sigue sin caber en la cabeza que un país que presume de ser del mal llamado primer mundo, siga recortando salvajemente en aspectos tan importantes como la sanidad, la educación y la investigación. Las dos últimas el futuro y el motor de un país moderno y la primera el garante de que el aspecto más importante que tiene un ciudadano, que es su salud, no se verá perjudicado más que por su enfermedad.
Los gestores públicos siguen “cubriéndose de gloria” defendiendo lo indefendible, justificando lo injustificable, y cargando de trabajo hasta niveles insostenibles a los profesionales que deben cuidar de nuestra salud.

¿A quién le gustaría que el cirujano/a que va a operarle llevase 30 horas sin dormir?

¿Y la enfermera/o que va a quitarte la sonda urinaria, con doble turno y debiendo medir hasta el esparadrapo que utiliza en las curas?

Evidentemente a nadie supongo. Y pongo la mano en el fuego, y seguro que no me quemaría, si digo que ninguno de los gestores públicos que nos ha tocado sufrir últimamente ha sido tratado por un profesional de la salud mal dormido, mal pagado, y con un contrato precario que se renueva mes a mes o bimensualmente.

El trabajo este verano no va a variar sustancialmente, a excepción de las zonas que acogen mayor número de turistas en que seguramente se verá incrementado. Pero el número de trabajadores en nuestros centros de salud y hospitales sí que lo va a hacer, y de momento los usuarios tan sólo notamos ciertos empeoramientos en el servicio que achacamos a ser verano, pero el clima de trabajo de los profesionales que deben cuidarnos cuando peor estamos, se está calentando y está llegando a unos niveles que son ya difícilmente asumibles.
El estallido de esto puede ser mucho más grave de lo que cualquiera de nosotros podemos imaginarnos y a nuestros trabajadores sanitarios se les puede pedir profesionalidad hasta cierto punto. Pero a la postre también son trabajadores con vidas, facturas, familias y necesidades que deben ver cubiertas como cualquier ciudadano de este país.

Es cierto que la profesión de sanitario tiene un componente altísimo vocacional, es gente a la que mayoritariamente le gusta lo que hace, y son los primeros que intentan que las frustraciones laborales no lleguen al paciente al que deben cuidar. Y gracias a eso se está aguantando el tipo. Pero se está tensando la cuerda demasiado.
La persona que inicia su trabajo en el servicio sanitario únicamente pensando en el dinero o le espera una gran desilusión que pagaremos los pacientes, o será un mal profesional que antepondrá su carrera al bienestar de los pacientes, generando un ambiente laboral difícilmente soportable, que de nuevo repercutirá en los pacientes.

Poner a gestionar un servicio público tan importante como el sanitario a personas sin escrúpulos que únicamente miran la cuenta de resultados es absolutamente despreciable.

Este descontento enlaza con otros grupos que he estado escuchando en esta sala de espera.

Hacia ellos me muevo ahora mismo.

Hasta muy pronto.

Cómo posdata un ejemplo recientito de lo hablado.

http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2016/07/13/enfermera-clinico-renuncia-quedarse-sola/863255.html

Y la consecuencia para la enfermera

http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2016/07/13/penalizada-60-dias-enfermera-sufrio/863392.html

Increíble. Penoso. Qué están haciendo con nuestra sanidad.

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